El Villarreal CF es más que un equipo de fútbol para Lluís y Pascual. Desde la temporada 97/98, su abuela los llevó a ver los partidos del equipo y ahora Lluís lleva a su padre al estadio. La historia de Lluís con el Villarreal CF se remonta a la temporada 97/98, el año del primer ascenso. Su abuela, la pionera que los arrastró a todos, logró que la familia al completo tuviera su hueco en aquella grada de hormigón del antiguo Madrigal. Y aquel ritual común se convirtió especialmente para padre e hijo en mucho más que una pasión. Una herencia. Pascual acompañaba a su hijo a ver hasta los entrenamientos del primer equipo; lo apuntó a las categorías inferiores y Lluís pudo disfrutar de ser, en categoría alevín, canterano del submarino amarillo. En la banda, cerca del banquillo, junto a sus ídolos, vivió también muchos partidos como recogepelotas. Y de todo ello guarda pequeñas reliquias: cromos, bufandas, camisetas, fotos autografiadas… Hasta los guantes firmados con los que Palop logró ese mítico ascenso contra el Compostela. "¿Recuerdas cómo hicimos sonreír a Riquelme cuando te hiciste con él la foto, hijo?", rememora con él su padre. Pascual tiene desde pequeño un leve problema de movilidad. Tras la pandemia, una caída ocasionada por esa cojera le provocó una fisura en la cadera que lo postró en una silla de ruedas durante la recuperación. Pero Pascual no quería perderse uno de los días más históricos de su equipo del alma. Así que Lluís, que por trabajo y desde hace una década vive alejado de él, en Mallorca, hizo lo único que podía hacer: se llevó a su padre a Polonia, a Gdansk, y disfrutaron juntos de la victoria del Villarreal CF. Porque la vida es exactamente eso: el tiempo que pasa entre que tu padre te lleva a ti al estadio y lo llevas tú, años después, a él.